
Uno de los principales interrogantes que la mayoría de las personas tiene en este momento de la pandemia COVID-19 ocasionada por el SARS COV-2, es si son o no realmente efectivas y seguras las vacunas disponibles y, si este proceso, nos permitirá tener la esperanza de volver a la “normalidad”. Para dar respuesta a este interrogante primero dejemos claro qué es una vacuna y cómo funciona.
La OMS define la vacuna como “una preparación biológica capaz de mejorar la inmunidad contra una enfermedad en particular”, una sustancia biológica que proviene del microorganismo causante de la enfermedad y que tiene la capacidad de estimular al sistema inmunológico del hospedero de la misma manera como lo haría el patógeno, pero sin causar la sintomatología y complicaciones de la enfermedad (1).
El desarrollo normal de una vacuna suele durar alrededor de una década, en la cual pasa por una serie de fases antes de su aprobación: una fase preclínica, 4 fases clínicas y una fase de revisión; pero varios elementos permitieron que las vacunas contra la COVID-19 se hayan desarrollado en un tiempo record, como por ejemplo, que el número de pacientes disponibles para las pruebas fuera muy alto, provocando así que las fases se pudieran desarrollar con mayor celeridad; o que por el interés en salud pública debido a la declaratoria de pandemia, se generara la disposición de recursos de desarrollo con prontitud y de manera holgada, y por lo mismo, aprobación de los entes de control en salud sin perder los criterios de calidad requeridos para un desarrollo seguro y efectivo (2).
La esperanza puesta en las vacunas ha conducido al desarrollo mundial de más de 200 vacunas en diferentes estados de investigación y al avance en novedosas formas de nuevas vacunas, muy prometedoras, que implican nuevas selecciones de antígenos y nuevas plataformas. La enorme morbilidad y mortalidad por esta pandemia en todo el mundo ha forzado la investigación en vacunas de una manera nunca antes experimentada, acortando los procesos de investigación y obligando a las entidades aprobadoras nacionales y supranacionales a realizar un seguimiento de los ensayos en directo para acelerar su disponibilidad (3).

En la actualidad, la velocidad de difusión de la información no necesariamente cierta y sin fundamentos científicos hacen que nos estemos preguntando: ¿vacunarnos o no?, esa es la cuestión… y para responder esto debemos saber qué tan seguras y efectivas pueden llegar a ser, así que empecemos por ver en el siguiente cuadro resumen las más representativas:
| Compañía | Tipo | Dosis | Efectividad | Almacenamiento |
|---|---|---|---|---|
| Universidad de Oxford- AstraZeneca (Inglaterra) | Vector viral | 2 | 62-90% | Temperatura normal en un refrigerador |
| Moderna (EEUU) | ARN | 2 | 95% | -20 ºC |
| Pfizer (EEUU-Alemania) | ARN | 2 | 95% | -70ºC |
| Instituto Gamaleya – Sputnik (Rusia) | Vector viral | 2 | 92% | Temperatura normal en un refrigerador |
| Sinovac (China) | Virion completo inactivado | 2 | 77.9% (casos leves), 50,4% (casos muy leves), 100% (casos graves) | Temperatura normal en un refrigerador |
| Johnson & Johnson | Vector viral | 1 | 81.7%-87.6% | Temperatura normal en un refrigerador |
| Elaborado: Fuente propia con información(3), (4). | ||||
Como vemos, la efectividad de las vacunas nos da a entender que todas tienen excelentes resultados y, frente a su seguridad, los eventos adversos asociados a la aplicación de la vacuna son leves en la mayoría de los casos y similares a los que genera una vacuna de cualquier tipo, y que, por el contrario, evitan las presentaciones moderadas y severas de la COVID-19.
De igual manera hemos escuchado el término “eficacia”, concepto que difiere de la “efectividad” anteriormente mencionada: la eficacia se mide en ensayos clínicos estrictamente controlados, y la efectividad, en qué tan bien funciona una vacuna luego de ser aplicada a la población, determinando así qué tanto funciona la vacunación en realidad.
Aquí podemos responder a uno de los mitos más comunes sobre el tema y que más ha influenciado a las personas para decidir si vacunarse o no: que las vacunas “solo se han probado en los laboratorios”, pues antes de que una vacuna salga al mercado, esta debe probar su eficacia en primera medida, para posteriormente, poder demostrar su efectividad. Para este evento ha sido relativamente fácil realizar ambas pruebas de eficacia y efectividad, debido a la cantidad de población expuesta que existe.
Ahora, ¿por qué para otras enfermedades las personas se vacunan de manera masiva, sin dudar del método científico y de los avances alcanzados? La disponibilidad de información en redes sociales y plataformas digitales tiene un gran beneficio y propicia la velocidad con la que avanza la ciencia y la tecnología, pero también ha sido un medio de difusión de noticias falsas y mitos que hacen que las personas, incluso del área de la salud, duden si aplicarse las vacunas o no.
Otro de los mitos que se han difundido y por los cuales las personas han cuestionado la seguridad de la vacuna, se encuentra el que asegura que esta puede modificar los genes, cosa que no tiene sustento científico, pues las vacunas solo llevan información a través de un mensajero (RNA) que enseña al sistema inmune cómo debe actuar cuando llegue el virus al cuerpo.
De igual manera hay una teoría de inserción de microchips para obtener nuestra información, pero esta se desvirtúa en sí misma, cuando la mayoría de las personas tienen celulares cuyas aplicaciones acceden a toda su información, ubicación, gustos, hábitos, etc. haciendo innecesario implantar un microchip en las personas con ese objetivo.
Establecida la premisa de que la vacuna es segura y efectiva, de acuerdo a la evidencia disponible, también nos resta contestar: ¿por qué otra razón debería pensar en vacunarme?

Como sabemos, la transmisión del virus se da persona a persona, cuando una persona se vacuna puede cortar la cadena de transmisión, y el virus al no encontrar donde replicarse, va teniendo mayores problemas para continuar la cadena de contagio; y es de esta manera que se llega a la inmunidad de rebaño, que no es otra cosa que el punto en el que la mayor parte de las personas (más del 70%) tienen defensa en su sistema inmune para la infección por SARS COV-2. En caso de que el sistema inmune no evite la infección, se cuenta con la ventaja de que la defensa del cuerpo ante este agente patógeno se dé más fácil, evitando casi en la totalidad las presentaciones moderadas o graves de la COVID-19.
Dicho esto, si personalmente me preguntan ¿por qué te vacunas? mi respuesta es mucho más simple: en primer lugar, por el amor que siento por mi familia y por la vida; y también, porque la evidencia científica ha probado la seguridad y la efectividad de la vacuna, y yo le creo. Independiente de la marca que sea, vacunarme es mi acto de amor y aporte para mi familia y la sociedad.
BIBLIOGRAFÍA
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- Gonzáles M, Osorio Y, Carabin A. La vacunación ¿realmente funciona? Elementos. 2019;114:19–24.
- Ciapponi A. Seguridad y eficacia preliminar de las vacunas para la prevención de COVID-19. Evidencia. 2021;24(1):1–6.
- Covid- V, Picazo JJ, Covid- V. Vacuna frente al COVID-19. 2021;
- Fonseca MJE, Carrasco LM, Osiac LR, Quevedo TP, Chacón GC, del Pino LV, et al. Efectos de la desnutrición calórico-proteica temprana en el estado nutricional y atributos del síndrome metabólico en una cohorte de adultos jóvenes. Nutr Hosp. 2015;32(3):1116–21.