¿Qué pasa con la salud mental y el bienestar de la “primera línea” de atención de la pandemia COVID-19?

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El personal de salud ha tenido un papel fundamental en atención de la pandemia por COVID-19, sin embargo, también ha sido uno de los grupos poblacionales que ha recibido consecuencias directas e indirectas de mayor impacto. La salud mental y el bienestar psicológico de los profesionales de la salud ha estado permeada por malestares derivados de la tensión por la presión asistencial y la falta de medidas de protección, que afectan su calidad de vida, la satisfacción laboral y la atención al paciente (Asociación Colombiana de Medicina interna (ACMI), 2020).

El panorama colombiano respecto a la salud mental de los profesionales de la salud refleja afectaciones de gran impacto para su bienestar. Monterrosa et al (2020), desarrollaron un estudio que tuvo como objetivo explorar síntomas y percepciones durante la pandemia del OVID-19 en médicos generales colombianos sometidos a cuarentena obligatoria. En este participaron 531 médicos, con una edad promedio de 30 años, y entre los resultados, identificaron que el 43% de los médicos reportó imposibilidad para conciliar el sueño, el 20% cansancio extremo, el 37,1% síntomas de miedo, y el 72,9% síntomas ansiedad.

En una investigación realizada por el Centro de Excelencia en Investigación en Salud Mental (CESISM) de la Universidad CES (ver) , con 711 profesionales de la salud pertenecientes a las ciudades de Bogotá, Barranquilla, Cali, Medellín y otras ciudades, fue posible identificar que el 40% de los participantes aproximadamente cumplía con los criterios para padecer algún trastorno. El 67,9% de los participantes eran médicos, y fueron quienes reportaron mayores afectaciones para los trastornos estudiados: el 35,4% cumple con criterios de ansiedad, el 26,7% de depresión, y 13,0% padece insomnio. Respecto a los enfermeros (22,8% de los participantes), el 27,8% reporta ansiedad, el 16,7% depresión y el 10,5% insomnio. Estos malestares se acompañan de sentimientos de culpa, pena y disgusto que terminan en desgaste emocional.

Es importante mencionar que algunos factores socioculturales también están generando un impacto negativo en la calidad de vida del personal de salud, debido a la generación de rencor, estigmas y percepciones negativas hacia esta población. Los factores mencionados anteriormente y la propagación de noticias amarillistas han motivado casos de discriminación y violencia en diferentes modalidades hacia el personal y sus familias, acentuando la angustia, la preocupación y el malestar emocional (ACMI, 2020).

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Foto de Jonathan Borba en Pexels

Durante la pandemia se han incrementado las cargas de trabajo, el bajo control, el bajo apoyo social, y las demandas emocionales y físicas. En este contexto, se identifica cómo los profesionales de la salud son una población vulnerable al síndrome de Burnout o desgaste emocional desde una perspectiva ocupacional (Juárez, 2020).

El burnout (síndrome de desgaste profesional, síndrome de sobrecarga emocional, síndrome del quemado o síndrome de fatiga en el trabajo, fue declarado, en el año 2000, por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un factor de riesgo laboral), el desgaste emocional, y las afectaciones en el bienestar de los profesionales de la salud tienen implicaciones en la atención del paciente y el desempeño del sistema de salud. Uno de los enfoques que han surgido para garantizar una atención eficiente y centrada en el paciente es el cumplimiento de la triple meta, el cual fue propuesto en el año 2008, y abarca principios estratégicos para organizaciones de atención médica, centrados en tres dimensiones principales: mejorar la salud de las poblaciones, mejorar la experiencia del paciente y reducir los costos per cápita de la atención médica (Whittington, Nolan, Lewis, & Torres, 2015; Bodenheimer, & Sinsky, 2014). Sin embargo, durante el año 2014 Bodenheimer, y Sinsky identificaron una problemática que tiene un impacto directo en la atención al paciente, a partir de investigaciones que corroboran la alta prevalencia de burnout, desgaste emocional, e insatisfacción laboral en el personal de salud. Por lo tanto, incorporan una cuarta dimensión dirigida al bienestar del personal sanitario y se conceptualiza como la cuádruple meta.

Durante la pandemia por Covid-19 la cuádruple meta se ha visto afectada en sus diferentes dimensiones. Respecto al personal de salud, se ha evidenciado un reporte significativo de casos de estrés, burnout, demandando la necesidad de brindar apoyo a esta población, debido a que las secuelas se verán reflejadas más allá del año 2021 (Stefanacci, 2020).

Es importante mencionar que a pesar de que las exigencias del sistema de salud y la sociedad cada vez son mayores, no se han generado las estrategias adecuadas ni se han garantizado los recursos para que el personal sanitario cumpla con los altos estándares de exigencia (Bodenheimer et al, 2014). Actualmente, los profesionales de la salud han solicitado a la comunidad científica generar estrategias de promoción y prevención en salud mental para generar y fortalecer las estrategias de afrontamiento, así como para mantener un bienestar psicológico al desarrollar las labores (ACMI, 2020).

Walton, Murray y Christian (2020), enmarcan una perspectiva integral y multidimensional del cuidado de la salud mental para el personal sanitario durante la pandemia por Covid-19. Desde la organización, los autores plantean que es necesario un cambio de paradigma que permita no solo atender las problemáticas en salud mental, sino que aborde la prevención de estas problemáticas como eje fundamental. Además, se deben generar espacios de reflexión sobre las demandas de la emergencia sanitaria, y estrategias de atención psiquiátrica y psicológica inmediata, aunando a una planificación del personal que permita que éstos disfruten de los descansos necesarios para ser productivos.

Desde los equipos, es importante mantener un buen liderazgo, que permita asumir los aspectos negativos y fortalecer las capacidades como equipo. El impacto de la pandemia reformulará las estructuras organizacionales que requerirán de factores principales: comunicación, empoderamiento, así como humanidad y humildad. Por lo tanto, será necesario conformar grupos de pares que sean fuente de apoyo psicosocial, y se deben promover sesiones informativas y de esparcimiento para estos grupos.

Por último, desde el autocuidado, los autores proponen mantener hábitos de cuidado mental y físico, estrategias de afrontamiento para el estrés, relaciones con familiares y amigos, y reconocer una red de soporte en la que pueda recurrir en caso de situaciones extremas. Desde la OMS (2020), se han propuesto algunas pautas de autocuidado para el personal de salud:

a. Cuidar las necesidades básicas con una sana alimentación, constante hidratación, y una rutina de sueño de calidad.

b. Descansar, realizar pausas activas, actividades de ocio, y actividades reconfortantes y relajantes.

c. Mantener el contacto con compañeros y colegas, a través de grupos de ayuda, de conversaciones constructivas basadas en la escucha, el respeto y la reflexión. Si alguno de los colegas está en riesgo de sufrir algún problema mental, se debe comunicar inmediatamente.

d. Mantener el contacto con seres queridos, como fuente principal de apoyo psicosocial.

e. Es necesario limitar la exposición a los medios de comunicación.

f. Autoobservación de emociones, y sensaciones. En caso de identificar algún malestar, es necesario recurrir a ayuda de algún colega o atención psicológica.

g. Por último, se sugiere conformar grupos de apoyo con otros colegas.

El contexto actual ha dejado secuelas en la población en general, sin embargo, debemos resaltar el papel que ha tenido el personal sanitario, y brindarles apoyo para afrontar como sociedad este fenómeno. Es importante generar estrategias para el cuidado de quienes nos cuidan hoy, y enfatizar en la protección de su salud en sus múltiples dimensiones.

Referencias

    • Asociación Colombiana de Medicina Interna (2020). Ataque al personal de la salud durante la pandemia de Covid-19 en Latinoamérica. Acta Médica Colombiana, 45(3), 55-69. DOI: 10.36104/amc.2020.1975
    • Bodenheimer, T., & Sinsky, C. (2014). From triple to quadruple aim: care of the patient requires care of the provider. Annals of family medicine, 12(6), 573–576. https://doi.org/10.1370/afm.1713.
    • Bueno, M. & Barrientos, S. (2020). Cuidar al que cuida: el impacto emocional de la epidemia de coronavirus en las enfermeras y otros profesionales de la salud. Enfermería Clínica. https://doi.org/10.1016/j.enfcli.2020.05.006.
    • Monterrosa, A., Dávila, R., Mejía, A., Contreras, J., Mercado, M., Flores, C. (2020). Estrés laboral, ansiedad, y miedo al Covid-19 en médicos generales colombianos. MedUnab, 23(2), https://revistas.unab.edu.co/index.php/medunab/article/view/3890.
    • Stefanacci, R. (2020). Impacto of Covid-19 on the cuadruple aim. Population health management. https://doi.org/10.1089/pop.2020.0263.
    • Walton, M., Murray, E., & Christian, M. D. (2020). Mental health care for medical staff and affiliated healthcare workers during the COVID-19 pandemic. European Heart Journal: Acute Cardiovascular Care, 204887262092279. doi:10.1177/2048872620922795.
    • Whittington, J. W., Nolan, K., Lewis, N., & Torres, T. (2015). Pursuing the Triple Aim: The First 7 Years. The Milbank quarterly, 93(2), 263–300. https://doi.org/10.1111/1468-0009.12122.

Empresas BIC: el camino para un mundo sostenible

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¿Qué son las Empresas BIC y cómo contribuyen a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)?

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Las Sociedades BIC constituyen una nueva forma legal de condición empresarial que se ostenta al adquirir unos compromisos entorno a la generación de valor económico, social y ambiental, razón por la que se conocen también como empresas de triple impacto (MinCIT,2020).

En el mundo existen varias experiencias en la aplicación de esta figura de organización empresarial. Por ejemplo, desde 2005 en Reino Unido existe el marco legal denominado “Community Interest Companies”, al cual han aplicado alrededor de 68.000 empresas de este tipo; en Italia, desde 2006, se promulgó la regulación especial para este tipo de sociedades denominadas “Societá Benefit”, que son organizaciones privadas sin fines de lucro, las cuales ejercen principalmente y de manera constante una actividad económica y de producción de bienes y servicios de utilidad social.

En Estados Unidos se destaca el estado de Maryland, donde se aplica desde 2010 esta figura y mediante una legislación para regular las llamadas Public Benefit Corporations (B Corps) o Social Purpose Corporations. A la fecha, 20 estados han modificado la normativa societaria para incorporar la figura de este tipo de corporaciones o han sancionado una ley especial para éstas.

Por su parte, en América Latina se cuenta con varias iniciativas: en Colombia y Argentina se conocen como empresas de Beneficio e Interés Colectivo (BIC), y en Chile, donde se les denomina “Empresas con Propósito Social – EPS”. Todas estas empresas tienen como objetivo principal un fin social: ayudar a las comunidades y mitigar la contaminación del ambiente.

En Colombia, la ley 1901 de junio de 2018 creo la figura legal para poder conformar empresas BIC con el propósito de promover la responsabilidad social corporativa y la cultura empresarial, aportando a la colectividad, al medio ambiente y al desarrollo empresarial del país, todo sin el desgaste de tener que establecer un nuevo tipo societario, pues se puede adoptar la denominación de BIC por cualquiera de las sociedades ya existentes.

En Colombia, la reglamentación de la Ley se realizó mediante la expedición del Decreto 2046 del 12 de noviembre de 2019, definiéndolas como aquellas empresas que combinan las ventajas de su actividad comercial y económica con acciones concretas, comprometidas con el bienestar de sus trabajadores, con aportar a la equidad social del país y contribuir a la protección del medio ambiente.

Las empresas BIC son compañías que le apuestan al desarrollo sostenible, incentivando los compromisos y las estrategias conscientes para un mundo mejor. Y en el marco de diversos y enormes retos económicos, sociales y ambientales para el planeta, estas compañías pueden constituirse en un instrumento adicional para contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

En 2015 se aprobó la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible por la Asamblea General de las Naciones Unidas, estableciendo la ruta de trabajo para la comunidad internacional hasta el año 2030 con los llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que abordan problemas tanto presentes como futuros. Los ODS son un conjunto de 169 metas agrupadas en 17 temas; cuya necesidad es que todos nosotros tomemos medidas para aportar al éxito del plan y transitar juntos hacia un mundo más sostenible, asegurando el bienestar de las generaciones futuras.

Los ODS son un compromiso de TODOS, lo que implica una exigencia de concientización general a la hora de ejercer cualquier tipo de trabajo, actividad, planificación de vida laboral, personal, empresarial, de país, etc. De hecho, cuando hablamos de “todos” queremos decir “toda la sociedad”, junto a sus recursos creativos, tecnológicos, económicos y sus saberes; es decir, una colaboración entre los gobiernos, la empresa privada y la sociedad civil con intenciones alineadas.

Actualmente, el sector privado es un socio clave en la “intensa participación mundial para respaldar la aplicación de los ODS”, como bien dice la Declaración de los ODS. Así, la empresa privada ya no solo cumple una función de consultoría en política y estrategia para el desarrollo, sino que también dedica su creatividad e innovación a resolver problemas relacionados con las nuevas claves de la Agenda 2030 que son la sostenibilidad, la equidad, la universalidad, el compromiso y el alcance que pretende tener, esto, por medio de prácticas como la de asociarse acorde al plan de los ODS, invertir en áreas críticas del desarrollo sostenible y adoptar medidas de consumo mucho más sostenibles. Es así como la Agencia 2030 sugiere un mayor compromiso y un rol mucho más activo del sector privado en temas de desarrollo.

En Sapyens estamos comprometidos con un mundo sostenible, es por eso que con nuestro modelo de negocio estamos contribuyendo directamente a 10 de los 17 ODS apostándole al bienestar de la sociedad:

    • Creamos sinergias y ayudamos en la generación colectiva de valor en salud, promoviendo el uso óptimo de recursos y la noción de género en las políticas públicas.
    • Adquirimos bienes o contratamos servicios de empresas de origen local o que pertenezcan a mujeres y minorías. Además, damos preferencia en la celebración de contratos a los proveedores de bienes y servicios que implementen normas equitativas y ambientales.
    • Brindamos opciones de empleo que le permitan a los colaboradores tener flexibilidad en la jornada laboral y creamos opciones de teletrabajo, sin afectar la remuneración de los mismos.
    • Utilizamos sistemas de iluminación energéticamente eficientes y otorgamos incentivos a los trabajadores por utilizar en su desplazamiento al trabajo, medios de transporte ambientalmente sostenibles.
    • Incentivamos actividades de voluntariado y creamos alianzas con fundaciones que apoyen obras sociales en interés de la comunidad.
    • Parte de nuestras utilidades van destinadas a fortalecer fundaciones que trabajen en el empoderamiento de niñas y mujeres, y que promuevan la igualdad de género.
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Gobiernos de todo el mundo han acordado estos objetivos; ahora es el momento para que las empresas actuemos. Según la revista Forbes Colombia, hoy en el país existen alrededor de 323 empresas BIC. Sapyens SAS BIC, es la primera en el sector salud que ofrece servicios profesionales de investigación y consultoría.

¿Quieres ser parte de la verdadera transformación? Cuando contratamos o le compramos a las #SociedadesBIC estamos apoyando a empresas que aportan beneficios a las comunidades y al medio ambiente.

Somos Sapyens, somos una empresa consciente y con propósito: Juntos podemos transformar positivamente nuestra sociedad y los sistemas de salud.

Bibliografía

Vacunarse o no… esa es la cuestión

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Uno de los principales interrogantes que la mayoría de las personas tiene en este momento de la pandemia COVID-19 ocasionada por el SARS COV-2, es si son o no realmente efectivas y seguras las vacunas disponibles y, si este proceso, nos permitirá tener la esperanza de volver a la “normalidad”. Para dar respuesta a este interrogante primero dejemos claro qué es una vacuna y cómo funciona.

La OMS define la vacuna como “una preparación biológica capaz de mejorar la inmunidad contra una enfermedad en particular”, una sustancia biológica que proviene del microorganismo causante de la enfermedad y que tiene la capacidad de estimular al sistema inmunológico del hospedero de la misma manera como lo haría el patógeno, pero sin causar la sintomatología y complicaciones de la enfermedad (1).

El desarrollo normal de una vacuna suele  durar alrededor de una década, en la cual pasa por una serie de fases antes de su aprobación: una fase preclínica, 4 fases clínicas y una fase de revisión; pero varios elementos permitieron que las vacunas contra la COVID-19 se hayan desarrollado en un tiempo record,   como por ejemplo, que el número de pacientes disponibles para las pruebas fuera muy alto, provocando así que las fases se pudieran desarrollar con mayor celeridad; o que por el interés en salud pública debido a la declaratoria de pandemia, se generara la disposición de recursos de desarrollo con prontitud y de manera holgada, y por lo mismo, aprobación de los entes de control en salud sin perder los criterios de calidad requeridos para un desarrollo seguro y efectivo (2).

La esperanza puesta en las vacunas ha conducido al desarrollo mundial de más de 200 vacunas en diferentes estados de investigación y al avance en novedosas formas de nuevas vacunas, muy prometedoras, que implican nuevas selecciones de antígenos y nuevas plataformas. La enorme morbilidad y mortalidad por esta pandemia en todo el mundo ha forzado la investigación en vacunas de una manera nunca antes experimentada, acortando los procesos de investigación y obligando a las entidades aprobadoras nacionales y supranacionales a realizar un seguimiento de los ensayos en directo para acelerar su disponibilidad (3).

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En la actualidad, la velocidad de difusión de la información no necesariamente cierta y sin fundamentos científicos hacen que nos estemos preguntando: ¿vacunarnos o no?, esa es la cuestión… y para responder esto debemos saber qué tan seguras y efectivas pueden llegar a ser, así que empecemos por ver en el siguiente cuadro resumen las más representativas:

CompañíaTipoDosisEfectividadAlmacenamiento
   
Universidad de Oxford- AstraZeneca   (Inglaterra)   
   
Vector viral   
   
2   
   
62-90%   
   
Temperatura normal en un refrigerador   
Moderna (EEUU)ARN295%-20 ºC
   
Pfizer (EEUU-Alemania)   
   
ARN   
   
2   
   
95%   
   
-70ºC   
Instituto Gamaleya – Sputnik (Rusia)Vector viral292%Temperatura normal en un refrigerador
   
Sinovac (China)   
   
Virion completo inactivado   
   
2   
77.9% (casos leves), 50,4% (casos muy leves), 100% (casos graves)   
Temperatura normal en un refrigerador   
Johnson & JohnsonVector viral181.7%-87.6%Temperatura normal en un refrigerador
Elaborado: Fuente propia con información(3), (4).

Como vemos, la efectividad de las vacunas nos da a entender que todas tienen excelentes resultados y, frente a su seguridad, los eventos adversos asociados a la aplicación de la vacuna son leves en la mayoría de los casos y similares a los que genera una vacuna de cualquier tipo, y que, por el contrario, evitan las presentaciones moderadas y severas de la COVID-19.

De igual manera hemos escuchado el término “eficacia”, concepto que difiere de la “efectividad” anteriormente mencionada: la eficacia se mide en ensayos clínicos estrictamente controlados, y la efectividad, en qué tan bien funciona una vacuna luego de ser aplicada a la población, determinando así qué tanto funciona la vacunación en realidad.

Aquí podemos responder a uno de los mitos más comunes sobre el tema y que más ha influenciado a las personas para decidir si vacunarse o no: que las vacunas “solo se han probado en los laboratorios”, pues antes de que una vacuna salga al mercado, esta debe probar su eficacia en primera medida, para posteriormente, poder demostrar su efectividad. Para este evento ha sido relativamente fácil realizar ambas pruebas de eficacia y efectividad, debido a la cantidad de población expuesta que existe.

Ahora, ¿por qué para otras enfermedades las personas se vacunan de manera masiva, sin dudar del método científico y de los avances alcanzados? La disponibilidad de información en redes sociales y plataformas digitales tiene un gran beneficio y propicia la velocidad con la que avanza la ciencia y la tecnología, pero también ha sido un medio de difusión de noticias falsas y mitos que hacen que las personas, incluso del área de la salud, duden si aplicarse las vacunas o no.

Otro de los mitos que se han difundido y por los cuales las personas han cuestionado la seguridad de la vacuna, se encuentra el que asegura que esta puede modificar los genes, cosa que no tiene sustento científico, pues las vacunas solo llevan información a través de un mensajero (RNA) que enseña al sistema inmune cómo debe actuar cuando llegue el virus al cuerpo.

De igual manera hay una teoría de inserción de microchips para obtener nuestra información, pero esta se desvirtúa en sí misma, cuando la mayoría de las personas tienen celulares cuyas aplicaciones acceden a toda su información, ubicación, gustos, hábitos, etc. haciendo innecesario implantar un microchip en las personas con ese objetivo.

Establecida la premisa de que la vacuna es segura y efectiva, de acuerdo a la evidencia disponible, también nos resta contestar: ¿por qué otra razón debería pensar en vacunarme?

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Como sabemos, la transmisión del virus se da persona a persona, cuando una persona se vacuna puede cortar la cadena de transmisión, y el virus al no encontrar donde replicarse, va teniendo mayores problemas para continuar la cadena de contagio; y es de esta manera que se llega a la inmunidad de rebaño, que no es otra cosa que el punto en el que la mayor parte de las personas (más del 70%) tienen defensa en su sistema inmune para la infección por SARS COV-2. En caso de que el sistema inmune no evite la infección, se cuenta con la ventaja de que la defensa del cuerpo ante este agente patógeno se dé más fácil, evitando casi en la totalidad las presentaciones moderadas o graves de la COVID-19.

Dicho esto, si personalmente me preguntan ¿por qué te vacunas? mi respuesta es mucho más simple: en primer lugar, por el amor que siento por mi familia y por la vida; y también, porque la evidencia científica ha probado la seguridad y la efectividad de la vacuna, y yo le creo. Independiente de la marca que sea, vacunarme es mi acto de amor y aporte para mi familia y la sociedad.

BIBLIOGRAFÍA

    1. Gonzáles M, Osorio Y, Carabin A. La vacunación ¿realmente funciona? Elementos. 2019;114:19–24.
    2. Ciapponi A. Seguridad y eficacia preliminar de las vacunas para la prevención de COVID-19. Evidencia. 2021;24(1):1–6.
    3. Covid- V, Picazo JJ, Covid- V. Vacuna frente al COVID-19. 2021;
    4. Fonseca MJE, Carrasco LM, Osiac LR, Quevedo TP, Chacón GC, del Pino LV, et al. Efectos de la desnutrición calórico-proteica temprana en el estado nutricional y atributos del síndrome metabólico en una cohorte de adultos jóvenes. Nutr Hosp. 2015;32(3):1116–21.
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